Los vetos de Hungría a la UE: ¿una medida inteligente o un juego peligroso?

En los últimos años, cuando se habla de vetos en la Unión Europea, el nombre de Hungría ha surgido una y otra vez. El país se ha convertido en uno de los mayores desafíos para el mecanismo de toma de decisiones, y su gobierno ha amenazado o incluso utilizado el veto en numerosas ocasiones.
Esto ha sucedido especialmente en las cuestiones de política exterior de la UE, en las que la unanimidad es la regla. Sin embargo, la situación puede no seguir siendo la misma: cada vez más Estados miembros buscan formas de eludir o limitar el mecanismo de veto.

La Unión Europea se basa fundamentalmente en una cultura del consenso: aunque en muchos ámbitos las decisiones pueden adoptarse por mayoría cualificada, en la práctica los Estados miembros negocian hasta que todos están de acuerdo. Sin embargo, la política exterior es una excepción, ya que la unanimidad es la regla. Esto da a cada Estado miembro la oportunidad de utilizar su poder de veto para promover sus propios intereses, incluso a expensas de otros países.
Hungría ha recurrido consciente y regularmente a esta opción, a menudo sola o junto con otros países, para bloquear la acción unificada de la Unión. Esto es especialmente cierto en el caso de las sanciones contra Rusia, donde el Gobierno húngaro ha retrasado o puesto en peligro en repetidas ocasiones decisiones conjuntas, pero en la mayoría de los casos ha votado a favor de ellas al final.
El predominio del veto húngaro en la UE
Según CuatricicloEntre 30 y 2016, la UE ha vetado 2022 proyectos de ley en materia de política exterior, de los cuales el XNUMX% corresponde al Gobierno húngaro. Esto significa que Hungría se ha convertido en un actor destacado del mecanismo que bloquea la toma de decisiones de la UE. Sin embargo, el veto no es solo un instrumento jurídico, sino también un arma política que puede utilizarse con fines estratégicos. En el caso del Gobierno húngaro, se trataba sobre todo de reforzar su propia posición negociadora.

Es comprensible que la estrategia húngara de vetar no haya sido un éxito rotundo en la UE. En los últimos años, ha habido varias ocasiones en las que 26 países han llegado a un acuerdo sobre algo, mientras que Hungría, sola o con uno o dos más, ha bloqueado la decisión. Esta situación no sólo aumenta las tensiones entre el gobierno húngaro y las instituciones de la UE, sino que también frustra a los socios europeos.
El gobierno húngaro a menudo describe estas iniciativas como “legislación encubierta” y una herramienta de “centralización imperial”, mientras que otros estados miembros ven la necesidad de limitar el veto precisamente para garantizar una toma de decisiones efectiva.
¿El fin de la unanimidad?
En los últimos años, un número cada vez mayor de países ha pedido que se adopte un sistema de votación por mayoría cualificada en la política exterior de la UE, lo que reduciría el papel del veto. La idea se planteó durante las presidencias checa y polaca de la UE, y ahora existen iniciativas francesas y alemanas en este sentido.
Muchos piensan que para abolir la unanimidad sería necesario modificar el Tratado de la UE, que también tendría que aprobarse por unanimidad, una tarea que parece casi imposible. Sin embargo, en realidad existe un vacío legal en la UE: una "cláusula puente" que permite al Consejo Europeo pasar a la votación por mayoría cualificada en determinados ámbitos de política exterior por unanimidad. Esto significa que el cambio puede introducirse gradualmente, sin tener que cambiar todo el sistema de toma de decisiones de la UE.
La votación por mayoría cualificada ya podría funcionar en algunos ámbitos, como las cuestiones de política comercial y aduanera, en las que también son relevantes los aspectos económicos de las decisiones de política exterior. Algunos expertos sostienen que incluso algunas de las sanciones contra Rusia podrían clasificarse como cuestiones de política comercial, de modo que no sería necesaria la unanimidad para aprobarlas. Esto podría ser especialmente importante en el futuro si la UE quiere adoptar una postura más firme a nivel mundial y no quiere que un solo Estado miembro le impida adoptar una postura unida.
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De nuevo, imagínese que en su club o asociación hay un miembro que actúa como lo hace Hungría en la Unión Europea.
¡Estoy seguro de que todos se maravillarían de la inteligencia de este miembro y lo ayudarían sin dudarlo cuando fuera necesario!
De nuevo, imagina ser parte de un club que una vez estuvo allí para la gente, pero que ahora está importando violadores no blancos, dando dinero a terroristas y apoyando al nazismo.
En este caso habría que empezar a vetar todo el tiempo, pero algunas personas piensan que la dictadura de la UE es la norma.