Las raíces de la inteligencia artificial pueden remontarse a la antigüedad

El fervor actual en torno a la IA plantea la pregunta de si nos encontramos en el umbral de una nueva era tecnológica o si simplemente perseguimos otro sueño fugaz. La historia demuestra que las raíces de la inteligencia artificial se remontan a milenios, ya que la humanidad lleva mucho tiempo preguntándose si alguna vez podría crear vida.

El revuelo actual en torno a la IA se ha convertido en un fenómeno espectacular, pero el entusiasmo por la innovación tecnológica no es nuevo. A lo largo de la historia, se ha creído repetidamente que un nuevo invento podría transformar el mundo de forma radical y rápida, desde la tulipomanía del siglo XVII hasta la burbuja puntocom de la década de 1990.

Al mismo tiempo, las raíces de la inteligencia artificial revelan que no se trata simplemente de un concepto tecnológico: es más bien una especie de mito que recuerda una de las historias más antiguas de la cultura occidental: el deseo de la humanidad de poder creativo, según La conversación.

Prometeo, el primer revolucionario tecnológico

Las raíces culturales más profundas de la inteligencia artificial se ilustran quizás mejor en el antiguo mito griego de Prometeo. El titán que robó el fuego a Hefesto no solo dio luz a los humanos, sino que también les otorgó la inteligencia necesaria para la creación.

Según el mito, tras adquirir el fuego, los humanos aprendieron a escribir, construir casas, leer las estrellas, domesticar animales e incluso interpretar sueños. El don de Prometeo fue, pues, un fragmento de la creatividad divina.

Los griegos también sugirieron, simultáneamente, que los propios humanos podrían ser creados mediante la tecnología. Prometeo y Hefesto parecieron crear al primer hombre y a la primera mujer como artesanos en un taller, lo que planteó la idea de que si los humanos pueden ser producidos artificialmente, entonces también podríamos crear seres artificiales.

El papado y las raíces de la inteligencia artificial en la Edad Media

El mito de Prometeo no desapareció en la Edad Media. Las leyendas rodearon al papa Silvestre II, quien vivió en el siglo X, y afirmaban que, aprovechando sus conocimientos astronómicos, creó una cabeza de bronce parlante que podía responder a preguntas de sí o no.

Según la leyenda, la cabeza predijo que se convertiría en Papa y que no moriría sin antes celebrar misa en Jerusalén. Gerberto se cuidó de evitar Tierra Santa, pero en una ocasión celebró misa en una iglesia romana entonces llamada «Jerusalén», y enfermó y murió ese mismo día.

La historia es obviamente ficticia, pero significativa porque muestra que ya en el siglo XII la gente podía concebir que un erudito creara una máquina predictiva; en otras palabras, una forma de autómata inteligente.

El sueño de los autómatas en la era de las Luces

En el siglo XVIII, el nombre de Jacques de Vaucanson se convirtió en sinónimo de la posibilidad de vida artificial. Sus autómatas —el flautista, el «pato digiriendo» y el campesino que tocaba la pandereta— daban la impresión de que las funciones corporales podían replicarse mecánicamente.

Vaucanson trabajó en la creación de una "anatomía móvil": un dispositivo capaz de reproducir el funcionamiento completo del cuerpo de un animal. Planeó construir un cuerpo artificial completo, y aunque finalmente fracasó, sus contemporáneos creyeron en la posibilidad.

¿Podrían los desarrolladores de IA ser los Prometeo de la era moderna?

La burbuja actual de la IA se basa en el mismo deseo, y con el rápido progreso, es fácil pensar que la inteligencia artificial total está al alcance. Sin embargo, es importante recordar que las raíces de la inteligencia artificial nos muestran que el mito de la tecnología siempre crece más rápido que la tecnología misma.

Muchos han intentado apoderarse del fuego de Prometeo —papas, inventores, filósofos, ingenieros—, pero ninguno lo ha logrado. ¿Podrían ser la excepción los desarrolladores de IA actuales?

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