El atentado contra el tren de Biatorbágy: uno de los actos terroristas más sangrientos de la historia húngara

Un inventor solitario y endeudado no tenía nada que perder cuando cometió un acto que conmocionó a toda una nación.
El camino del inventor fracasado hacia el atentado en el tren
En 1931, el nombre de Szilveszter Matuska se extendió por toda Europa después de un atentado ferroviario que se convirtió en uno de los crímenes más impactantes de su tiempo.
Matuska, que vivía en Viena, había pasado años intentando establecerse después de una serie de negocios fallidos, recurriendo en cambio a diversos inventos.
Una de sus ideas fue una turbina impulsada por agua de movimiento lento, diseñada para generar electricidad. También trabajó en un dispositivo de señalización ferroviaria para advertir a distancia a los maquinistas si aparecía algún obstáculo en las vías. Otro de sus inventos fue una válvula de cierre de gas que liberaba el gas solo cuando ya estaba ardiendo; esta se registró en la oficina de patentes con el nombre de «Orlisó».

Estas patentes fueron sus últimos intentos de escapar de los crecientes problemas financieros. Pero ninguno de sus inventos le trajo el éxito esperado, y Matuska fue decayendo gradualmente hacia la bancarrota.
Algunos biógrafos creen que fue en ese momento cuando se obsesionó con la idea de “sacudir el mundo”, una ilusión que finalmente conduciría al atentado de Biatorbágy.
Una noche trágica
Poco después de medianoche, el 13 de septiembre de 1931, tuvo lugar una de las tragedias más infames y debatidas de la historia de Hungría.
El vienés Szilveszter Matuska detonó explosivos bajo el viaducto ferroviario de Biatorbágy justo en el momento en que lo cruzaba el tren expreso internacional con destino a Viena.

La explosión provocó que la locomotora y varios vagones se precipitaran al valle. Diecisiete personas murieron y otras veintidós resultaron heridas.
En el lugar, el agresor dejó una carta que decía:
“Trabajadores, no tenéis derechos: se los exigiremos a los capitalistas…”
Este mensaje todavía hoy plantea preguntas sobre qué motivó realmente a Matuska y por qué decidió actuar de esa manera.
La explosión que sacudió Hungría
Matuska ya había experimentado con bombas. Durante su juicio en Viena, se supo que ya había intentado atentar contra trenes en Baviera, cerca de Ansbach, aunque sus intentos fueron infructuosos.
Para el atentado de Biatorbágy, utilizó entre 1.5 y 2 kilogramos de un explosivo de uso militar conocido como ekrazit para dañar el viaducto. Preparó y colocó cuidadosamente los explosivos con antelación, utilizando un dispositivo de ignición eléctrica que se activaba con la presión del tren en movimiento, tal como lo había planeado.
Las secuelas del bombardeo
El atentado de Biatorbágy se cobró diecisiete vidas, pero también provocó un terremoto político. El gobierno del primer ministro Gyula Károlyi intentó presentar el acto como parte de una conspiración comunista, utilizándolo como pretexto para imponer la ley marcial y lanzar una ofensiva contra los movimientos políticos ilegales.
En confesiones posteriores, Matuska citó alternativamente motivos políticos e inspiración divina, pero la verdadera razón de su acto nunca fue revelada.
Durante los juicios fingió locura y en la memoria pública permaneció como una figura trastornada y solitaria.
Recibió una sentencia más leve en Austria, pero en Hungría fue condenado a muerte (posteriormente conmutada por cadena perpetua) y enviado a la prisión de Vác. A finales de 1944, ante la proximidad de las fuerzas soviéticas, escapó. Desde entonces, su destino fue un misterio.






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