Estos símbolos ayudan a entender la historia, la identidad nacional y las curiosidades que engloban a Hungría

En todos los países hay símbolos que representan todo lo que hay detrás de una nación. En Hungría, hay algunos distintivos que se remontan a la Edad Media. Sin embargo, otros son más recientes. Desde reliquias reales y animales mitológicos hasta inventos conocidos en todo el mundo, estos emblemas permiten comprender mejor cómo las generaciones de húngaros han interpretado a sus ancestros y la proyección de su imagen de cara al exterior.

La bandera

El rojo, el blanco y el verde son los colores nacionales de Hungría. Su forma actual se popularizó durante la revolución de 1848 comandada por Lajos Kossuth. A algunos visitantes les recuerdan a otras banderas europeas, pero los significados son húngaros. Tradicionalmente, se han interpretado de esta manera: El rojo simboliza la fuerza o la sangre derramada por la patria. El blanco se asocia a la fidelidad y a la pureza. El verde se refiere a la esperanza y a las praderas húngaras.

Un escudo realizado durante siglos

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Escudo y bandera de Hungría. Fuente: Pexels

En este icono se pueden resumir más de mil años de historia húngara. La insignia está diferenciada entre dos lados. En el costado izquierdo, se pueden apreciar franjas rojiblancas procedentes de la dinastía de Árpád. En el lado derecho, una doble cruz cristiana que se sitúa sobre tres colinas verdes. Estos tres montes están asociados a tres montañas históricas, aunque existen varias interpretaciones. Tradicionalmente, se han identificado con los macizos de Tátra, Fátra y Mátra. Por último, en lo más alto se encuentra la Corona de San Esteban. 

El corazón del Estado: la Corona de San Esteban

Asociada al monarca San Esteban I de Hungría, se conserva en el Parlamento bajo estricta vigilancia. Este símbolo de legitimidad del reino dio origen a la doctrina de la Santa Corona. Durante siglos fue indispensable para una coronación válida. Por ese valor, ha sido robada, reconstruida y trasladada durante años. En tiempos de la Guerra Fría, como el país estaba altamente influenciado por la Unión Soviética, pasó a estar custodiada por el gobierno de los Estados Unidos. Un detalle llamativo es que la cruz que aparece en lo alto de la corona está torcida.

Una oración por Hungría

El “Himnusz” es el himno nacional. Redactado por Ferenc Kölcsey y musicalizado por Ferenc Erkel, no es un himno militar ni triunfalista. La primera estrofa, traducida al castellano, es así: “Dios, bendice al húngaro. Con abundancia y buen ánimo, bríndale tu brazo protector. Si se enfrenta al enemigo; a quien la mala suerte carcome, tráele un año alegre. Ha sufrido este pueblo bastante ¡El pasado y el porvenir!

El ave mitológica de los orígenes: el turul

Este animal es similar a un halcón. Aparece en monumentos de todo el país: desde las plazas más céntricas hasta en los estadios de fútbol. El halcón simboliza protección, destino y origen nacional. Vinculado a la leyenda de Emese, anunció el nacimiento de Álmos y Árpád, de cuyo linaje surgiría posteriormente una dinastía real. Como curiosidad, la gran estatua del monumento del Turul de Tatabánya o la del Castillo de Buda son algunas de las representaciones más famosas.

Entre Richard Nixon y el triunfo de ABBA en Eurovisión, llegó el cubo de Rubik

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Cubo de Rubik. Fuente: Pexels

Este invento con el que muchos niños y adultos juegan a día de hoy fue diseñado por Ernő Rubik en 1974. Ernő es un arquitecto y diseñador de la Escuela de Artes Comerciales de Budapest. Originalmente, fue bautizado como el Cubo Mágico. En 1980 ya se le llamó cubo de Rubik. A diferencia de otros distintivos, el cubo no procede del medievo. Tampoco es una leyenda o procede de la política. Se ha convertido en un símbolo de la creatividad, la innovación, la educación y el talento científico húngaro. Enfrente del parlamento en la zona de Buda, hay una miniestatua del juguete.

Conclusión

Todos estos símbolos ayudan a explicar cómo Hungría entiende su propia identidad. Algunos recuerdan los orígenes de los magiares entrando en la cuenca de los Cárpatos. Otros evocan siglos de historia política y religiosa, mientras que el cubo de Rubik demuestra que el país ha dejado huella en el mundo contemporáneo, puesto que muchas personas lo siguen utilizando. Todos estos forman una síntesis de la historia, la cultura y la creatividad de las generaciones húngaras.