La emperatriz austríaca Isabel de Baviera se convirtió en una de las figuras históricas más queridas de Hungría
Cuando se piensa en la reina Sissi, la mayoría de la gente recuerda las películas protagonizadas por Romy Schneider o su imagen romántica como una emperatriz digna de un país como Hungría. No obstante, en el país magiar su figura va mucho más allá del cine. Llegó a convertirse en una de las personas más admiradas de la nación. Su gran apoyo a la causa húngara durante una época de tensiones con Viena hizo que muchos habitantes la considerasen una aliada en la corte. Tras su muerte hace más de un siglo, su recuerdo sigue presente en monumentos, palacios y sitios de interés históricos.
Llegada a raíz de su matrimonio con Francisco José I de Austria
Nacida en la Nochebuena de 1837 en Múnich, Isabel fue la hija del duque Maximiliano de Baviera. Con 11 años, conoció a Francisco José, aunque eran primos y Francisco no era el emperador por aquel entonces. Posteriormente, en 1854 Sissi partió hacia Viena para casarse con él. En su boda, ella tuvo una serie de ataques de pánico que incomodaron a la corte vienesa. Su personalidad rebelde, culta y muy avanzada para su época hizo que destacase sobre otras emperatrices.
Su gran conexión con Hungría
Tras la revolución de 1848, los húngaros mantuvieron una relación complicada con Viena. Por ello, como a ella le gustaba frecuentar Hungría, la acogieron con mucho cariño. Sissi buscaba rodearse de aristócratas magiares. Aprendió el idioma y llegó a hablarlo. De hecho, podía hablar cinco lenguas: alemán, inglés, francés, griego y húngaro. Por último, tenía grandes amistades en el país, especialmente con Gyula Andrássy. En efecto, se llegó a pensar que fue el padre de su cuarta hija, pero se desmintió.

Isabel mostraba mucho interés por la cultura húngara, defendiendo una relación más equilibrada con Viena. Aquí el Palacio de Gödöllő fue clave. Se convirtió en su residencia favorita para los meses de verano. Allí, solía pasear por los jardines, cazar y cuidar sus animales. Amaba a sus perros, paseándose con ellos por los interiores del palacio. Además, tuvo un gran aprecio por los animales exóticos. Asimismo, adoraba los caballos. Solía practicar la equitación.
El compromiso austrohúngaro de 1867
Este pacto dio lugar a una de las épocas de mayor prosperidad del país. Se transformó el antiguo Imperio austríaco en la Monarquía Dual entre Austria y Hungría. Tras la revolución nacionalista de Lajos Kossuth en 1848, los rusos de la mano de los austríacos derrotaron la revolución un año después. Los húngaros no aceptaron del todo la situación. Tras la derrota de Austria frente a Prusia, Francisco José buscó estabilización.
Sissi tuvo un papel clave. Ayudó a crear un clima más favorable y aprovechó su influencia para apoyar la reconciliación. Un momento clave en la historia fue la coronación en Budapest. El 8 de junio de 1867, Isabel y Francisco José fueron coronados reyes de Hungría en la Iglesia de Matías, en la zona de Buda. A partir de la coronación, el país mejoró. Durante el imperio, se construyeron monumentos como la Plaza de los Héroes o el Parlamento.
Su legado en la Hungría actual
A día de hoy, muchos húngaros siguen viendo a Isabel como una figura cercana y favorable a la nación. Aparte del mundo cinematográfico, el lugar donde mejor se percibe su legado se encuentra en Gödöllő. Tras el compromiso de 1867, el Palacio se transformó en una residencia real. Asimismo, cerca del Danubio hay un monumento a los pies del puente de Elisabeth. Por último, en parte del país hay ciudades que conservan esculturas, placas y parques dedicados a ella.
La reina de los húngaros
Aunque en otros países su imagen está asociada al lujo imperial y al romanticismo, en Hungría se le recuerda por ser cercana al pueblo y por su papel que desempeñó para el futuro de la nación. Su apoyo en el entendimiento entre Viena y Budapest hizo que no fuese una mera emperatriz austríaca, sino una figura ligada a la identidad nacional.
Véase también: La apasionante fauna que atesora Hungría y dónde encontrarla