Desde el punto de vista de un hispanohablante, el húngaro puede considerarse como una de las lenguas europeas más difíciles
Quien escucha por primera vez el húngaro suele tener la misma sensación. A pesar de que el país está rodeado de lenguas que pertenecen a familias conocidas, como las eslavas o las germánicas, el magyar parece haber llegado de otra galaxia. Sus palabras largas, sonidos peculiares y una gramática muy distinta de las otras hacen que muchos visitantes se pregunten por qué es tan distinta del resto de Europa. La respuesta, como en varios ámbitos de la vida, reside en la historia, puesto que el idioma posee un origen desigual respecto a otros europeos.
No es una lengua indoeuropea

El español, el inglés, el alemán o el ruso pertenecen a la familia indoeuropea. En cambio, el húngaro procede de la familia urálica. Mientras la mayoría de idiomas europeos son “primos lejanos”, coincidiendo en varios aspectos entre sí, el magyar es como si no correspondiese a Europa. Las tribus magiares llegaron a los Cárpatos a finales del siglo IX, conservando su dialecto a pesar de convivir y estar rodeados durante más de mil años por pueblos con hablas diversas.
Vinculación con el finés y el estonio
Estos dos idiomas comparten algo en común: pertenecen a la familia urálica. Sin embargo, no son mutuamente inteligibles. Es decir, una persona húngara no puede comprender con absoluta facilidad palabras finlandesas o estonias. El proto-urálico surgió hace aproximadamente entre 6000 y 4000 años entre Europa oriental y Siberia occidental. Con el paso del tiempo, los grupos humanos que hablaban la lengua se separaron. Mientras que algunos se desplazaron hacia el norte, otros migraron hacia el este de los Urales, de donde surgirían los antepasados de los magiares.
Al separarse hace miles de años, sus hablantes ya no pueden entenderse entre sí, aunque comparten similitudes que no son evidentes para un turista. Por ejemplo, añaden sufijos al final de las palabras para modificar su significado. Asimismo, no tienen género gramatical (no hay él / ella). Además, su gramática es muy compleja, con muchas reglas que algunos aplican sin conocer la razón que explica su existencia. Por último, mantienen en común raíces antiguas en algunas palabras como agua, mano, pez o nombre.
Los sufijos acumulados hacen que parezca difícil
En el magyar, las palabras suelen ser largas. En lugar de utilizar preposiciones, modifican la palabra. También dicen más con menos, de modo que en una palabra larga pueden decir lo que se diría en español con una sola frase. La ausencia de género gramatical dificulta su aprendizaje. Los sufijos son muy complicados. El alfabeto húngaro cuenta con 44 letras, con letras que cuentan como una sola: cs, sz, gy, ny, zs… cosa que suele sorprender a los hispanohablantes, porque solo tenemos las dobles l y r, y la ch.

Palabras que todo turista debería conocer
Cuando alguien entra o sale de algún lugar, el equivalente del italiano “ciao” sería “szia”, el cual se pronuncia como suena. Se utiliza tanto para saludar como para despedirse. Para dar las gracias, se utiliza “köszönöm”, aunque para darlas de manera más corta pero menos formal se puede utilizar “köszi” que se pronuncia como “kosi”. “Igen” significa sí, mientras que “nem” es no. Por último, en el caso de que algún lugareño pregunte algo en húngaro, se puede decir “nem magyar vagyok” que se traduce como “no soy húngaro”.
El húngaro tiene un color especial
Lo que le hace especial no es solo su complejidad, sino su carácter único. Rodeado de lenguas eslavas y germánicas, el idioma ha conservado durante siglos sus propias características que lo convierten en una rareza lingüística dentro de Europa. Aunque para algunos sea un gran reto, para otros es una vía para comprender la historia y la identidad de Hungría.
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