La historia que esconden los nombres y apellidos húngaros revelan cuantas culturas y generaciones convivieron en el país.
Hungría es un cruce histórico de pueblos donde han convivido magiares, eslavos, germanos, turcos, judíos, latinos, etc. Los apellidos no solo sirven para identificar a una familia, sino que hablan de los orígenes de ella, u otros acontecimientos históricos como invasiones o migraciones que han marcado el país. Desde nombres ligados a profesiones del medievo, pasando por influencias eslavas hasta referencias geográficas, muchos de los nombres de familia más comunes tienen significados asombrosos.
Según la profesión
El Estado húngaro fue consolidado por el príncipe Esteban I en el año 1000 d.C. en los comienzos de la Edad Media. Los oficios que había por la época eran: artesano, herrero o sastre; los cuales solían desarrollarse en gremios. De este contexto surgieron varios apellidos comunes. Por ejemplo, Kovács se puede traducir como herrero, mientras que Varga equivale a ser un zapatero o estar vinculado a trabajar con cuero. Mientras que Szabó provenía de la sastrería, otros como Molnár (molinero) eran más rurales.
Según los rasgos físicos
De las características de una persona no solo salieron apellidos, sino también los motes. Como muchas personas compartían el nombre, era necesario identificarlos de alguna manera. Debido a la gran tradición oral rural que había en el país y la tardanza en la consolidación del sistema de apellidos hereditarios, se conservaron muchos descriptivos.
De la misma manera que en España surgieron apellidos como Delgado, Grande, Rubio, Calvo, Moreno o Bravo, en Hungría aparecieron nombres familiares ligados a la apariencia de una persona. Por ejemplo, la traducción del apellido Grande sería Nagy y la de pequeño sería Kiss o Kis. Asimismo, el equivalente húngaro a Izquierdo sería Balogh (zurdo). También Delgado podría ser Csontos que significa huesudo.
En función de la geografía

Dependiendo de qué ciudad o zona natural provenía una persona, se le asignaba un mote que perdura por generaciones, aunque varias no hayan ido a donde sus ancestros. En los países hispanohablantes, es normal ver que alguien se apellide Del Bosque o con el nombre de una ciudad como por ejemplo Madrid. En Hungría, el apellido Debreceni correspondía a aquellos que llegaban de la ciudad de Debrecen. Otro común es Székely, comunidad húngara histórica de Transilvania.
Influencias extranjeras
En el caso de los apellidos procedentes de ciudades, estos se ampliaron hasta llegar al extranjero. Por la influencia de diversas culturas y naciones vecinas, quedó grabado en los apellidos. En Hungría, uno de los más frecuentes es Tóth, de influencia eslava de Eslovaquia. Horváth significa croata, de modo que era probable que el antepasado original fuese de Croacia. Németh es la traducción de alemán, vinculado a los suabos del Danubio.
Muchos apellidos geográficos hacen referencia a lugares que no pertenecen a Hungría
El Tratado de Trianon firmado en 1920 hizo que millones de húngaros quedaran esparcidos por diversas naciones europeas. Este pacto supuso la pérdida de dos tercios de su territorio. De este modo, aunque un apellido pueda sonar “muy húngaro”, el lugar no es Hungría, sino países que hacen frontera como Rumanía, Eslovaquia, Serbia, Croacia o Ucrania.
La identidad húngara nunca fue homogénea
Detrás de muchas familias hay fronteras cambiantes, migraciones, mezclas culturales o guerras que reflejan la historia de Hungría. Nombres como Nagy, Székely o Tóth reflejan antiguos rasgos físicos, lugares de origen o huellas de pueblos que convivieron durante siglos en un mismo territorio. En un país marcado históricamente por migraciones, fronteras cambiantes en influencias culturales diversas, los apellidos pueden funcionar como memoria colectiva. Entender su origen es también saber la historia y la identidad de cómo Hungría llegó a convertirse en el país que se conoce hoy en día.
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